Notas de Nuria Espert

La violación de Lucrecia, el desgarrador poema de William Shakespeare, contiene todo el germen y la grandiosidad de sus obras posteriores. La extraordinaria y emocionante narración del hecho criminal que terminó con el reinado de los reyes en Roma y que propiciaron, por tanto la instauración de la republica romana, se convierte en la pluma de Shakespeare en un mosaico de sentimientos, pasiones, arrebatos y  delitos, en un  espectáculo, en fin de gran belleza a pesar de su escalofriante violencia.

Solo acompañada de un director en quien pudiera depositar toda mi confianza podía decidirme a afrontar el reto de ( tratar ) de convertir la narración y todos sus personajes en seres de carne y hueso, no solo en mágica literatura, y eso sí que lo encontré: Miguel Del Arco, un director que ha aparecido en la escena española con enorme fuerza, con una personalísima visión de la dirección de actores y que desde el primer segundo ha compartido mi entusiasmo, mis riesgos y me ha guiado por ese laberinto, hermoso y esquizofrénico. En nuestro primer encuentro, después de leer La violación de Lucrecia  su comentario fue: “!Oh, es genial, trepidante, como un guión de Tarantino!” y yo pensé “!Es mi hombre!

El trabajo de esos meses de ensayo ha sido el más duro que recuerdo en toda mi carrera; parecido, quizás a Las criadas o a Maquillaje. Ha mezclado placer, fatiga física y mental y en algunos momentos profundo desconcierto. Eso es el teatro para mí.

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